Embarazo

Calor y el embarazo, ¿cómo nos afecta?

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¿Como se puede sobrellevar el calor y el embarazo? Si las altas temperaturas suelen ser difíciles de llevar para cualquier persona, para las embarazadas se puede convertir en una verdadera pesadilla.

La temperatura aumenta durante el embarazo

A lo largo de la gestación la temperatura corporal aumenta de manera natural, por lo que el incremento de la temperatura ambiente puede tener consecuencias negativas para la embarazada y su bebé. Por ese hay que tener mucha precaución durante los meses de calor y el embarazo.

El calor hace que los vasos sanguíneos se contraigan con el objetivo de controlar la temperatura corporal. Sin embargo, cuando el organismo no consigue refrigerarse de manera adecuada, no solo aumentan las posibilidades de sufrir episodios de deshidratación o golpes de calor, sino que también puede haber un riesgo de parto prematuro. De hecho, varios estudios apuntan a que las gestaciones que se encuentran en sus fases finales durante las épocas de calor tienden a adelantarse.

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Síntomas  y molestias que causa el calor en el embarazo

  • Fatiga, agotamiento y dificultad para realizar las actividades del día a día.
  • Sudoración excesiva.
  • Sed constante.
  • Hinchazón y calambres en las extremidades.
  • Descenso de la tensión arterial.

Estos síntomas se agudizan en los casos graves de deshidratación y cuando se producen golpes de calor, y es entonces cuando pueden aparecer trastornos cardiacos, cefaleas, visión borrosa y estrés térmico. Estos síntomas pueden causar daños serios en el embarazo, por lo que ante los primeros signos de golpe de calor es imprescindible acudir a urgencias para que los especialistas valoren la situación de madre e hijo.

¿Qué podemos hacer para sobrellevar calor y el embarazo?

  • Hidratarse: aunque parezca obvio, hay que mantener un nivel óptimo de hidratación y para ello hay que beber antes de sentir la sensación de sed. Probablemente cuando se sienta sed ya haya cierto grado de deshidratación. Por eso, es importante beber con frecuencia y no salir de casa sin una botella de agua.
  • Mantenerse en ambientes frescos: lo mejor es permanecer el mayor tiempo posible en habitaciones ventiladas o con aire acondicionado para controlar la temperatura corporal
  • Evitar la exposición directa al sol: aunque al principio te pueda resultar agradable, lo cierto es que el estrés térmico te puede sobrevenir de un momento a otro. Por ese motivo, es preferible evitar las exposiciones prolongadas al sol y, si no puede evitarse, es fundamental aplicarse protección solar y beber abundante agua.
  • Complementos como las gafas de sol y los sombreros de ala ancha deben convertirse en compañeros inseparables.

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