Aunque cada mujer vive el embarazo de una manera diferente, el segundo trimestre de embarazo suele ser el más agradable, ya que se dejan atrás algunos de los incómodos síntomas de los primeros meses de embarazo, como las náuseas, mareos, cansancio, las ganas frecuentes de orinar…

Además, durante el segundo trimestre de embarazo aumenta el nivel de energía y sentiremos menos agotamiento.

Sin embargo, es posible que en el segundo trimestre de embarazo todavía continuemos con algunos síntomas, como el estreñimiento o la acidez de estómago, y que aparezcan otros, como hinchazón en tobillos y pies, venas varicosas o congestión nasal. Durante el segundo trimestre de embarazo también empezaremos a notar los movimientos del bebé.

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Como es natural, en el segundo trimestre de embarazo es de vital importancia el seguimiento del especialista, quien se asegurará en todo momento de que el embarazo progresa adecuadamente y que nuestro bebé se encuentra en perfecto estado.

Durante las visitas al ginecólogo en el segundo trimestre de embarazo, éste nos pesará y tomará la presión arterial, pedirá un nuevo análisis de sangre y podremos escuchar el latido del corazón del bebé en las ecografías rutinarias.

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Pruebas durante el segundo trimestre de embarazo

En el segundo trimestre de embarazo hay dos pruebas especialmente importantes:

  • Test de O’Sullivan o prueba de tolerancia a la glucosa: su objetivo es analizar los niveles de azúcar en sangre y valorar así la posibilidad de desarrollar diabetes gestacional. Para ello, durante la prueba tomaremos 50 gramos de glucosa y mediante análisis de sangre se verá cómo la vamos absorbiendo. No todas las mujeres que presentan riesgo de diabetes gestacional la desarrollan. De hecho, si la prueba es positiva habrá que someterse a otra más completa para confirmar el riesgo.
  • Ecografía de la semana 20: en esta ecografía se observa el desarrollo de los órganos fetales y las extremidades en busca de posibles malformaciones, y se analiza si hay algún retraso en el crecimiento fetal. También se mide el cuello uterino para ver el riesgo de parto prematuro y se valora el riesgo de hipertensión de la madre.